El emblemático sitio recuperó todo su esplendor con la finalización de las obras que asumió el gobierno provincial tras las reiteradas demoras por parte del Estado nacional en su ejecución.
La restauración permitió intervenir distintos sectores del conjunto monumental con el objetivo de preservar su valor histórico, mejorar sus condiciones de conservación y devolverle el esplendor original a uno de los espacios más emblemáticos de la Argentina y el ícono indiscutible de Rosario.
El detalle de los trabajos
Los trabajos incluyeron una etapa primera de diagnóstico integral, que contempló inventarios, informes técnicos, registros fotográficos, relevamientos de patologías y estudios específicos sobre muros y estructuras. A partir de esa información se definieron las acciones necesarias para abordar el deterioro acumulado por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
Entre las tareas más importantes se destacó la restauración del Propileo, donde se realizaron trabajos de limpieza profunda, tomado de juntas, impermeabilización de los revestimientos de travertino y recuperación integral del cielorraso. También fueron refaccionadas las tradicionales luminarias de bronce, las esculturas de las Américas y las ánforas ornamentales que forman parte de este sector del monumento.
La intervención incluyó además la renovación completa del sistema eléctrico y de iluminación, con el reemplazo de luminarias, reflectores y columnas interiores, mejorando tanto la funcionalidad como la puesta en valor estética del complejo.
Otro de los sectores intervenidos fue el pasaje lateral sobre calle Santa Fe, donde se ejecutaron trabajos para resolver problemas históricos de filtraciones. Allí se realizó una excavación integral del talud, la incorporación de barreras hidrófugas y la posterior recuperación de espacios verdes y superficies afectadas.
En la base de la proa se restauraron los altorrelieves y esculturas de piedra, mediante tareas de limpieza especializada, remoción de elementos extraños y aplicación de tratamientos protectores para evitar el ingreso de humedad. Los trabajos alcanzaron también a las esculturas alegóricas del Río Paraná, el Océano y los Puntos Cardinales.
La puesta en valor comprendió además la restauración integral del mástil principal, incluyendo la reparación de componentes mecánicos, la recuperación de elementos de bronce, el reemplazo de la baliza superior y la pintura completa de la estructura.
En los espacios interiores se renovó la sala de exposiciones ubicada bajo la torre y se efectuaron importantes mejoras en la Sala de las Banderas. Allí fueron intervenidas todas las vitrinas y marcos de bronce, se reemplazaron los vidrios, se incorporó un nuevo sistema de iluminación y se ejecutó la pintura integral del recinto. Asimismo, por primera vez se instaló un sistema de climatización frío-calor para mejorar las condiciones de conservación de las piezas exhibidas.
La actuación alcanzó también a la torre y al ascensor, que fue completamente modernizado mediante la automatización de su sistema. Además, se reemplazaron las rejas del mirador por estructuras de acero inoxidable y se restauraron las puertas de bronce y los vidrios que permiten el acceso a los balcones panorámicos.





