Nació entre aplausos y serrucho:
Ricardo Díaz vino al mundo a principios del siglo XX en una carpa del circo «Didí», en Pergamino, bajo la lona del arte popular y la vida nómada. Hijo de artistas, comenzó su vida como payaso y actor de sainetes, conocido en sus primeros años como «Moyongo».
El teatro y la tierra firme:
Con Amelia, su compañera, y un hijo en brazos, Díaz se establece primero en Melincué, donde dirige un grupo teatral, y luego en Rosario en busca de estabilidad. En 1942 ingresa a la Policía de la provincia de Santa Fe.
Una revolución llamada Perón:
La llegada del peronismo marca una nueva etapa: casa propia en el barrio Saladillo, ascenso social y compromiso militante. Pero todo cambia el 16 de septiembre de 1955 con el golpe que derroca al segundo gobierno de Perón.
«El hijo del barrendero morirá barrendero»:
Con la caída del peronismo llega la persecución. El contraalmirante Rial sintetiza la restauración oligárquica con su frase brutal. Nace entonces la Resistencia Peronista: sabotajes, proclamas clandestinas, «aviones negros» en la espera.
Rosario y el alzamiento de Valle:
En junio de 1956, un grupo de resistentes en Rosario, entre ellos el general Valle y Ricardo Díaz, planea tomar el Regimiento 11 y la radio LT2. Díaz, entonces comisario de la seccional 16, decide sumarse. Encierra a sus subordinados y parte con el sumariante Vigil a entregar armas.
La proclama de LT2:
A las 23:25 hs del 9 de junio, LT2 transmite: “Las horas dolorosas que vive la República…”. El intento fracasa, y los sublevados resisten por dos horas antes de dispersarse. Muchos son capturados, otros caen.
La máquina de fusilar:
Mientras en Buenos Aires comienzan los fusilamientos, Díaz y Vigil son detenidos el 12 de junio. Entre los 21 condenados por la Ley Marcial, son trasladados al Regimiento 11 para ser ejecutados. Un parte de último momento salva a los sobrevivientes. No así al general Valle.
Cárcel, cuentos y resistencia:
Díaz pasa un año y medio detenido, convertido en referente. En la U3 de Rosario, comparte historias de vida junto a otros presos políticos, recordando a Mate Cocido, Bairolleto y hasta Juan Moreira.
Una familia en lucha:
Su familia sobrevive como puede. La insulina para su diabetes se convierte en prioridad. Un salón de ventas, peluquerías y cualquier medio son válidos para resistir.
La libertad y la muerte:
En 1958, Ricardo Díaz queda en libertad. Recupera su cargo, aunque con menor jerarquía. La enfermedad lo vence antes de ver el regreso de Perón. Deja poemas, recuerdos y relatos que lo ubican como un personaje legendario.
Legado de fuego:
En su memoria viven las historias compartidas y la dignidad de quien decidió no claudicar. Un payaso, un comisario, un poeta, un rebelde. Ricardo Díaz: una vida en la trastienda de la historia, contada entre aplausos, tiros y silencios.





