Voy a transcribir del libro de Proverbios del capítulo 30, los versos del 11 al 14 para luego desglosárlos cada uno por separado.
11- «Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice.
12- Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia.
13- Hay generación cuyos ojos son altivos y cuyos párpados están levantados en alto.
14- Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra, y a los menesterosos de entre los hombres.»
Como especifiqué, por cada uno de los versos hay algo puntual para compartir de manera reflexiva.
Con respecto al verso 11:
«Hay generación que maldice a su padre y a su madre no bendice.»
Lo anterior, va en correlato con lo que está establecido en la carta del Apóstol Pablo a los Efesios capítulo 6, versos 2 y 3:
«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.»
Conclusión:
Honrarlos no es solamente no faltarles el respeto sino también dejar bien parado el nombre de los progenitores a través de una vida con ética y propósito.
Con respecto al verso 12:
«Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia.»
Al respecto viene como anillo al dedo 2 Samuel 12, cuando viene el profeta Natán al Rey David para reconvenirlo del adulterio con Betsabé y de ser el instigador de la muerte de su esposo Urías heteo.
A tal fin, le cuenta una historia que voy a parafrasear:
«Había dos hombres en una ciudad. Uno era rico. El otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas. El pobre no tenía nada, excepto una ovejita que había comprado y criado. La ovejita creció en su propia casa junto con él y sus hijos, comía de su comida, bebía de su vaso y dormía en su regazo.
Ella era para el hombre pobre como su propia hija.
Sucedió entonces que un viajero llegó a visitar al hombre rico. Este quería ofrecerle de comer pero como no quería matar a ninguna de sus ovejas ni ganado para alimentar al viajero, tomó la ovejita del hombre pobre y la mandó preparar para darle de comer a su huésped.
David se enojó sobremanera con el hombre rico expresándole a Natán:
<¡Tan cierto como que el Señor vive, que el que hizo eso merece la muerte! Además debe pagar cuatro veces el valor de la oveja por haber cometido este acto terrible y no haber tenido piedad.>
Entonces Natán le dijo a David: <Tu eres aquel hombre.>»
Conclusión:
En primer termino: a veces, como <el dulce cantor de Israel> miramos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Por otra parte: Dios en su misericordia no mata a David, ni tampoco lo desecha como monarca. Pero viene sobre él las consecuencias por el pecado: la muerte del hijo que había sido producto del adulterio y además la «espada» no se apartará más de la casa Real.
Con respecto al verso 13:
«Hay generación cuyos ojos son altivos y cuyos párpados están levantados en alto.»
En relación a lo que he mencionado nada mejor que la parábola del Fariseo y el Publicano de Lucas capítulo 18, versos del 9 al 14:
Parafraseando el pasaje, el fariseo le decía a Dios:
«<Gracias Señor por no ser como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros y tampoco como este publicano.
Ayuno dos veces por semana, doy diezmo de todo lo que gano.>
Mientras tanto el publicano de lejos, no queriendo ni alzar los ojos al cielo decía: <Dios se propicio a mí pecador.>»
¿Cuál es la conclusión?
El publicano salió justificado, pero el fariseo no. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Con respecto al verso 14:
«Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra, y a los menesterosos de entre los hombres.»
Lo compartido se ve evidenciado en Mateo capítulo 23, verso 14:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.»
Conclusión:
Los fariseos despojaban de sus vienes a las viudas por codicia.
Que terrible es que Dios nos dé un ministerio y lucremos con él haciendo un despropósito al obrar con injusticia.

Marcelo G Margal: COMO PEZ EN EL AGUA



