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LO GENUINO, EL RESPETO Y LA GRACIA

Fernando Fernández – Savater Martín un filósofo, docente, escritor español expresó en una oportunidad lo que a continuación les comparto:

«Se suele oír <hay que respetar todas las ideas> Pero ¿por qué?… Hay que respetar a todas las personas, pero no todas las ideas… Creo que es una forma de salud mental el reconocer que hay ideas infinitamente peores que otras… que no son comparables a otras que son peores, que son inferiores, en su eficacia, en su dignidad, en su peso…
El problema es que las personas tenemos la tendencia a <corporeizarnos> con nuestras ideas.»

En cuanto al texto que acabo de transcribir, adhiero a lo que dice Savater: «no debemos respetar a todas las ideas pero si a todas las personas.»

¿Cuál sería el parámetro para aseverar que un pensamiento es más adecuado que otro?

La respuesta a lo anterior es muy simple: lo que genera en el razonamiento del ser humano que lo sustenta.

Aunque muchas veces lo que aparentemente es una buena actitud con el tiempo evidencia que no era la mejor forma de razonar, ya que el despropósito de muchas filosofías y paradigmas de vida se evidencian a futuro.

Al margen de lo anteriormente expuesto:

¿Cuál sería el parámetro para establecer que es lo qué sería bueno y lo qué sería malo?

La respuesta a ese dilema está en dos vocablos del latín: Summun Bonum (El Sumo Bien o El Bien Supremo)

Esa condición la evidencia no cualquier deidad o espiritualidad sino Jesucristo: Dios encarnado.

Porque como afirma el Señor en el Evangelio de Juan en el capítulo 5, versos del 31 al 36:

«Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio acercar de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dió testimonio de la verdad.
Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.»

Lo compartido da cuenta del aval con el que contaba Cristo: El del Padre.

Entonces, para «religarse» con el Hacedor la única forma es estando a cuentas con el Dios de la Biblia, revelado en el Nuevo Testamento por el Hijo; evidenciado en el Evangelio de Juan capítulo 14, verso 6:

«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.»

Lo expresado pretéritamente no da margen para la subjetividad o el error.

Por lo tanto, no es la idea de un ser humano la que nos sustenta, sino la que el Creador estableció en un tiempo específico (kairos) de acuerdo a Su omnisciencia, cuando el Verbo encarnó en este mundo para propiciación de nuestros pecados.

Lo que hizo el Salvador no se puede pagar con buenas obras, porque es un favor inmerecido: una gracia. Un regalo del cielo por el amor a Su creación.

Entonces, el que no la tiene en cuenta, no la valora, o no la respeta está al margen de lo genuino y eterno.

Suscribe Marcelo: G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs cuando no hay fútbol sino a las 24:00 hs cuando hay fútbol, por la 93.5 FM «RADIO DEL PLATA ROSARIO