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La Corte ya tiene su propia grieta

El próximo el 1 de octubre asume el nuevo presidente de la Corte Suprema Horacio Rosatti quien fue designado este jueves en reemplazo de Carlos Rosenkrantz, que será su vice, por los próximos tres años.

La convocatoria sorpresiva que Rosenkrantz envió por escrito aceleró el trámite. Ricardo Lorenzetti, que ya se sabía derrotado pese a sus insistentes intentos de cosechar apoyo, ensayó un boicot al avisar que no podría estar porque tenía una reunión del Unidroit (Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado). Quien pidió formalmente postergar el encuentro fue Elena Highton de Nolasco y, como no le dieron cabida, enojadísima y en solidaridad con su colega, decidió no participar. Conclusión: Juan Carlos Maqueda postuló la fórmula victoriosa, que se votó a sí misma para obtener los tres apoyos necesarios

Rosatti y Rosenkrantz son los dos jueces que designó Mauricio Macri durante su presidencia. A propuesta del operador prófugo Fabián Rodríguez Simón, el expresidente intentó nombrarlos por decreto.

Horacio Rosatti, se tratarse de un peronista, católico, santafesino, que había sido Procurador del Tesoro y Ministro de Justicia del gobierno de Néstor Kirchner, antes intendente de Santa Fe y convencional constituyente, sugerido Elisa Carrió, como candidato de consenso en el gobierno de Macri.

En la Corte explican por estas horas que al elegir autoridades es natural que los supremos se autovoten. Pero no es un hecho tan lineal y común en la historia cortesana. El día que Julio Nazareno se votó a sí mismo cuando todavía existía la mayoría automática menemista, cuatro de sus pares de la vieja Corte de nueve miembros que no lo querían en ese lugar lo cuestionaron abiertamente. Si Rosatti y Rosenkrantz no se elegían a sí mismos, no existía la elección, al menos este jueves.

La cronología de los hechos

Una versión indica que Highton y Lorenzetti, ya resignado éste a que no le tocaría el trono, intentaron hasta las últimas horas la reelección de Rosenkrantz, con la jueza nuevamente como vice. De modo que esa posibilidad estaba latente. Este modo de elegir entre los mismos supremos a sus propias autoridades por mayoría está vigente desde la época del golpe de 1930, cuando la Corte avaló al gobierno de facto.

“A las 10.34 horas del día de hoy (jueves 23) el Sr. Ministro Ricardo Luis Lorenzetti comunicó que se encuentra imposibilitado de asistir al presente acuerdo extraordinario convocado para el día de la fecha en virtud de estar participando de las reuniones de UNIDROIT que se realizaban en Roma, pero en la que participó por plataforma virtual desde su casa en Rafaela, y en las cuales actúa en calidad de miembro del Governing Council (sic)”; “a las 11.15 horas del día de hoy la Sra. Ministra Elena I. Highton de Nolasco solicitó la postergación del acuerdo extraordinario por no estar presente el Sr. Ministro Ricardo Luis Lorenzetti”;  y “a las 11.49 horas el presidente del Tribunal comunicó a todos los ministros ´que en virtud de que la ausencia de alguno de los ministros no constituye un impedimento legal para la celebración del acuerdo convocado, será celebrado en los términos de su convocatoria'”.

El miércoles Rosenkrantz sacudió al tribunal con una nota enviada a sus colegas en las que llamaba a una acuerdo extraordinario para las 12 del día siguiente y por Zoom. El texto de la acordada que finalmente se firmó ofrece una cronología de lo que vino después: El encuentro fue peculiar: los asistentes hicieron un Zoom desde sus despachos en el cuarto piso del Palacio de Justicia. Maqueda postuló la fórmula Rosatti-Rosenkrantz, obviamente apalabrada por el propio trío reunido, y con esas tres voluntades se resolvió la definición de las nuevas autoridades. La acordada lleva también una firma: la de Daniel Marchi, el secretario general de administración, que en otros tiempos fue leal a Lorenzetti, pero se acomodó a cada contexto.