El canciller ruso Sergei Lavrov, que hace tres o cuatro días aseguró que su país combatirá “con armamentos convencionales”, acaba de prender fuego la pradera. Amenazante, dijo que “existe el real peligro de una Tercera Guerra Mundial”.
Que la situación se hace peliaguda la dio una inmediata y seca declaración del gobierno de China, hermano mayor en la alianza con los rusos: “China no quiere la Tercera Guerra Mundial”. Y agregó que quiere un acuerdo entre las partes.
A su vez, Rusia afirmo haber abortado el asesinato de un famoso periodista. Los servicios de inteligencia rusos (FSB) afirmaron haber detenido a 6 «miembros de un grupo neonazi» que pretendían asesinar, por orden de Kiev, al periodista Vladimir Soloviev, muy cercano al Kremlin.
«El Comité de Investigación de Rusia detuvo a miembros del grupo National Socialism/White Power, ciudadanos rusos, que preparaban el asesinato del político y periodista estrella Vladimir Soloviev», explicó el FSB en unas declaraciones recogidas por las agencias de prensa rusas.
La crisis internacional escala peligrosamente, no hay dudas. Estados Unidos se ha pasado a una línea dura, con un apoyo militante para suministrar nuevos armamentos a los ucranianos que resisten a la ofensiva rusa para ocupar el este y sur de del país que invadió el 24 de febrero.





