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CUANDO JUZGAR

«El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.»(Apocalipsis 3:5)

Estuve meditando en cuatro pasajes de las sagradas escrituras: Mateo 7:1-5; Hebreos 10:26-29; 1 Corintios 5:11-13 y Mateo 18:15-18.

Esas porciones del Nuevo Testamento me ministraron acerca de la actitud hacia los demás en cuanto a juzgar.

La Palabra de Dios dice en el capítulo y los versos citados en primer término, lo siguiente:

«No juzguéis, para que no séais juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y porque mirás la paja que está en el ojo de tu hermano , y no hechas de ver la viga que está en tu propio ojo?
¿O cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.»

Lo que acabo de transcribir, no implica que no estemos reprendiendo o llegado el caso juzgando sin antes reconocer el pecado de uno, evidenciándolo para estar a cuentas con Dios y por lo tanto tener legalidad para establecer condenación.(Hechos 5:1-11)

Porque sin santidad nadie verá al Señor.(Hebreos 12:14)

En otras palabras: nadie será salvo más allá que en algún momento haya recibido al Señor y no persevere en la gracia.

La carta a los Hebreos en el capítulo 10, versos del 26 al 29, es muy clara al respecto:

«Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente.
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue sacrificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?»

¿Pero cuándo reconvenir y llegado el caso expulsar a alguien de una congregación y tenerlo por pagano?

La respuesta a lo anterior está en la 1 epístola del apóstol Pablo a los Corintios capítulo 5, versos del 11 al 13:

«Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.
Porque ¿que razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?
Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.»

En la porción que acabo de transcribir se cumple lo que está evidenciado en Mateo capítulo 18, versos del 15 al 18:

«Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.
Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.»

Conclusión:

Ante todo lo descripto, actuar en forma amorosa pero firme para que el hermano o la hermana que está regocijándose en el pecado se arrepienta.

Ahora si no nos hace caso estando en soledad con él o con ella, según sea, o después ante dos o tres testigos y luego ante la asamblea, si persiste en su actitud, expulsarlo o expulsarla, porque es un o una apóstata: alguien que ha abdicado la fe, y por consecuencia, va a ser de tropiezo para el cuerpo de Cristo.

Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs cuando no hay futbol sino a las 24:00 hs por la 93.5 FM «RADIO DEL PLATA ROSARIO»)