- Cultura, Noticias

CERTEZA DE VICTORIA

«Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos»(Juan 17:25-26)

El ser humano desde que es formado en el vientre de su madre pasa por diferentes tiempos, a tres niveles: lo físico, lo anímico y lo espiritual.

Durante el periodo de gestación, el feto va madurando hasta llegar el momento oportuno, para que del líquido amiótico donde recide salga por la vagina de su progenitora y comience una nueva etapa como una entidad en el mundo.

Ese niño o niña que ha nacido comienza una aventura llamada existencia que culminará, en este plano, cuando le toque la hora de partir hacia la eternidad.

Tengo la seguridad, no por una actitud religiosa sino espiritual, que hay dos opciones posibles en cuanto a lo perenne del ser: ir a la presencia de Dios o al no haberlo reconocido ir al infierno.

Hago la diferencia entre religión y relación:

Lo primero, es el intento del hombre mediante obras de bien, rituales, códigos de conducta o dogmas, de ganarse el favor del Creador.

Una relación, es tener acceso al trono de Dios como consecuencia de lo que el Hacedor hizo por nosotros encarnando como un ser humano; viviendo sin pecar y ofreciéndose finalmente de manera propiciatoria por nuestras maldades.

El nació, vivió, murió y resucitó para posibilitar que Su Espíritu, cuando lo recibiesemos a Él, nos vivifique el alma muerta producto de la contravensión de nuestros ancestros primeros, y de esa forma con Su entidad en nuestra entidad irnos transformando interiormente hasta santificarnos por completo.

En medio de una sociedad sin amor y valores donde la falta de ética y compromiso genuino hace que predomine el mal, por lo tanto más que nunca la humanidad necesita de Dios, para tener equilibrio, propósito temporal y eterno.

Lo anterior, solamente lo puede dar Jesús: que es la encarnación del Dios verdadero en la persona del Hijo.

Porque como dice Su Palabra en el libro de los Hechos en el capítulo 4, verso 12:

«Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.»

La salvación no es algo por usufructuarse a futuro sino que tiene vigencia en el presente del creyente posicionándolo en gloria, y por consecuencia tener la posibilidad de acceder a Su trono cada vez que se predisponga a hacerlo en el nombre de Jesús.

Lo que les transferí, da cuenta que el beneficiario de ese favor inmerecido (gracia) sea lleno del poder de Dios y como resultado tener Su autoridad y poder para vencer el mal.

Porque si bien es cierto que durante el transcurso de nuestro paso por este planeta nos toca atravesar por diferentes problemas. El que los origina, en última instancia, no es un germen, una persona o una circunstancia determinada sino Satanás, por legalidad o con el permiso del Eterno para templarnos.

Porque todo lo que acontece es la manifestación de lo que sucede en el ámbito espiritual.

Como bien lo expresa el Apóstol Pablo en la carta a los Efesios en el capítulo 6, verso 12:

«Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.»

Lo pretérito, da cuenta de que el hombre y la mujer que no conocen al Hacedor no lo pueden discernir, por lo tanto tampoco pueden obtener una victoria frente a las variadas «tormentas» que se presentan en lo cotidiano.

En definitiva:

Lo que tenés que hacer para poder ser una persona plena en todos los órdenes es tener a Cristo en tu corazón.

¿Cómo hacerlo?

Entregándole tu vida a Él mediante una oración donde con tus palabras le digas que te reconoces pecador, y que tenés la convicción de que Él murió y resucitó por vos para que al recibirlo de manera personal, por fe, tengas vida eterna.

En ese momento tu nombre es escrito en el «libro de la vida» y Su Espíritu viene a tu interior para vivificar tu alma, trayendo amor verdadero, fe y esperanza.

De ahí en más, lo que tenés que hacer es perseverar en el bendito pero angosto camino de la fe, buscándolo cada día mediante la lectura de la Biblia, orando, y congregándote en un lugar donde se prediquen «las buenas nuevas de salvación» (Evangelio) sin adulteraciones y donde el ministrador sea un verdadero pastor y no un «lobo rapaz».

No te digo adónde ir. Dios en la persona del Espíritu Santo te va a guiar.

A manera de epílogo te comparto lo que el Señor expresó hace más de dos mil años, usando al Apóstol Juan mediante el Evangelio que lleva su nombre en el capítulo 16, verso 33:

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»

Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs cuando no hay futbol sino a las 24:00 hs cuando hay futbol, por la 93.5 FM «RADIO DEL PLATA ROSARIO»)