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Cambio climático y producción: advierten sobre la necesidad de prepararse ante posibles excesos de lluvias

La preocupación por el cambio climático y sus consecuencias ya no es un tema lejano ni exclusivo de especialistas. Las lluvias intensas, los anegamientos y los fenómenos climáticos extremos comienzan a sentirse cada vez más cerca y generan incertidumbre tanto en las ciudades como en las zonas productivas.

En este contexto, la ingeniera agrónoma María José Dicke, integrante del INTA Cañada de Gómez y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de Zavalla de la Universidad Nacional de Rosario, explicó el escenario climático actual y la importancia de anticiparse a posibles eventos extremos.

Dicke aclaró que, pese a las versiones sobre la llegada de un “super Niño”, actualmente todavía no está declarada oficialmente una fase Niño. “Hoy estamos en una condición neutral, con valores normales de temperatura en el océano Pacífico Ecuatorial. Todavía no se puede determinar cómo será la distribución de las precipitaciones en el segundo semestre del año”, explicó.

Sin embargo, indicó que numerosos modelos climáticos muestran una tendencia hacia un fenómeno Niño, lo que en la región suele estar asociado a precipitaciones superiores a las normales durante los meses de verano. “Todavía no está definida la intensidad, pero sí hay una tendencia que obliga a empezar a planificar”, señaló.

La especialista remarcó que la situación actual de los suelos es muy distinta a la de años anteriores marcados por la sequía. “Hoy los perfiles están recargados. Eso significa que cualquier precipitación tiene un impacto mucho mayor que cuando los suelos estaban secos”, sostuvo.

En ese sentido, puso como ejemplo la región de Cañada de Gómez y localidades cercanas como Armstrong y Villa Eloísa, donde ya se registraron aproximadamente 670 milímetros de lluvia en apenas cuatro meses, cuando el promedio anual ronda los mil milímetros. “Ya llovió cerca del 67% de lo que normalmente precipita en todo un año y todavía faltan varios meses por delante”, advirtió.

Frente a este escenario, Dicke subrayó la importancia de trabajar en medidas preventivas. Entre ellas, destacó el mantenimiento de canales y desagües para garantizar el correcto escurrimiento del agua, además de la planificación productiva en los establecimientos agropecuarios.

“La idea es prever con anticipación y que estas situaciones no nos sorprendan. Hay que pensar estrategias según cada sistema productivo y adaptarse a escenarios donde podrían aumentar las precipitaciones”, expresó.

La docente también destacó el rol de la agroclimatología dentro de la formación de los futuros ingenieros agrónomos. Explicó que se trata de una disciplina transversal a toda actividad productiva, ya que analiza cómo las variables climáticas impactan sobre los cultivos, la ganadería y los sistemas productivos en general.

“Las temperaturas extremas, el exceso o déficit hídrico, las enfermedades y hasta la aparición de insectos están directamente relacionados con el clima”, afirmó. En ese sentido, mencionó el caso de la chicharrita del maíz, cuya dinámica poblacional se estudia en relación con las condiciones térmicas de los inviernos.

Además, remarcó que los efectos del cambio climático no se limitan al sector agropecuario, sino que también atraviesan la vida cotidiana, desde el consumo energético en viviendas hasta el uso responsable del agua.

“Hay pequeños gestos que generan cambios importantes. Cuidar el agua, evitar el derroche, separar residuos y preservar los recursos naturales son acciones fundamentales”, indicó.

Finalmente, Dicke valoró el trabajo de organismos como el INTA y las universidades públicas en la investigación y generación de conocimiento sobre el clima y sus impactos. “Detrás de muchas de las cosas que consumimos o vivimos diariamente hay equipos de profesionales que estudian y trabajan para anticiparse a estas problemáticas”, concluyó.