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ANTE LA ADVERSIDAD

Todos pasamos en la vida por momentos difíciles.

La aflicción puede ser una enfermedad, un duelo, quedarse sin empleo, una crisis de pareja, una traición, un accidente, una catástrofe, un conflicto bélico.

¿Cuál debe ser la actitud de un creyente ante cualquiera de las circunstancias que acabo de enumerar?

En primer lugar discernir por qué ocurre lo que ocurre.

Tratar de interpretar si lo que acontece es consecuencia de una herencia maldita, pecados ancestrales, brujería hacia nuestros antepasados, pecados no confesados cometidos por nosotros o brujería hacia nosotros.

Lo que he enumerado muchas veces nada tiene que ver con lo que nos sucede. Si eso ocurre busquemos qué quiere el Creador enseñarnos con la aflicción que viene a nuestra existencia.

Si entendemos lo que acabo de decir, solamente tenemos que enfrentar el proceso con la certeza de que Él está en control de todo y que no nos va a poner una carga mayor de la que podamos soportar.

En tal circunstancia, lo fundamental es estar cimentado, más que nunca, en la Roca Eterna que es Jesucristo: autor y consumidor de la fe.

El enemigo va a tratar por todos los medios de intimidarnos a través de argumentos en nuestra mente, personas o circunstancias.

Lo importante es tener la actitud de Moisés que reuso llamarse hijo de la hija de faraón y ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar los deleites temporales del pecado.

Teniendo como algo superior el vituperio de Cristo que la opulencia que le ofrecían los egipcios. Porque había centrado la mirada en una oferta mayor que eran las promesas del Señor.

Lo expuesto, lo determinó en fe no temiendo lo que faraón pudiera hacerle porque no miró la circunstancia que le tocaba vivir sino que se sostuvo como viendo al invisible: El Hacedor.

Me viene a memoria, el pasaje escritural del Evangelio de Mateo capítulo 14, versos del 22 al 33 dónde Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca e ir delante de Él a la otra ribera, después de la multiplicación de los panes y los peces.

La nave en la que iban estaba en medio del mar cuando las olas golpeaban con dureza porque soplaba un viento muy fuerte en su contra.

Pero como dice una canción: “El Señor siempre llega a tiempo.”

En la cuarta vigilia de la noche ( que sería entre las 3:00 y las 6:00 hs de la mañana) Jesús aparece caminando sobre las aguas.

Entonces tuvieron temor porque creían que era un fantasma.

Pero prontamente el Cristo le dice que se tranquilísen diciéndole: “Yo soy”, no tengan miedo.

Pedro con su impulsividad le expresa que si realmente era Él que lo hiciera caminar sobre el agua.

Aquí viene el por qué elegí este pasaje del Nuevo Testamento.

Mientras Pedro enfocó la vista en su Maestro estuvo a flote.

Cuando miró el mar rugiente comenzó a hundirse.

A manera de conclusión:

Cualquier sea el problema si miramos el mismo vamos a zozobrar.

Si nos determinamos a confiar en Dios nunca la adversidad podrá derrotarnos. Porque el vencedor de la cruz proveerá todo lo necesario para superar cualquier contrariedad.

 Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA