Hace un año, el Papa Francisco dejaba este mundo. Hoy, en la basílica donde reposan sus restos por su propia voluntad, se rezará hoy un rosario a las 17:00 y se celebrará una misa en su memoria. La lápida que lo recuerda lleva una inscripción que resume su devoción: “Francisco, Sumo Pontífice, que se detuvo 126 veces en devota oración a los pies de la Salus Populi Romani”.
Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano y jesuita de la historia, gobernó la Iglesia desde marzo de 2013 hasta su muerte a los 88 años. Su gestión se caracterizó por fortalezas que lo hicieron único: una humildad radical, una opción preferencial por los excluidos y una visión que devolvió el protagonismo al Pueblo de Dios.
Entre sus mejores acciones se destaca la cercanía con los más vulnerables. Francisco convirtió las periferias en el centro de su pontificado. Lavó los pies de presos y migrantes, visitó campos de refugiados y denunció sin descanso la “cultura del descarte” y la “globalización de la indiferencia”. Su frase “una Iglesia pobre para los pobres” no fue solo un lema: se tradujo en gestos concretos y en la creación de estructuras de solidaridad.
También brilló por su grito por la Casa común. Con la encíclica Laudato si’ de 2015 elevó el cuidado del planeta a cuestión moral y teológica. Fue el primer papa en hablar de “ecología integral” y en colocar el cambio climático en la agenda global como pecado contra los pobres y contra la creación.
Su compromiso con la fraternidad universal quedó plasmado en Fratelli Tutti de 2020 y en Dilexit nos de 2024, documentos que impulsaron un humanismo cristiano abierto al diálogo interreligioso y al encuentro con los no creyentes. Visitó Irak, los Emiratos Árabes y otros escenarios de conflicto, promoviendo la paz donde parecía imposible.
En el plano interno impulsó una profunda reforma de relevancia: creó el Consejo de Cardenales, impulsó la constitución apostólica Praedicate Evangelium para una Curia más misionera y transparente, y convocó el Sínodo, el proceso más participativo de la historia reciente de la Iglesia. Abrió espacios de responsabilidad a laicos y mujeres, y avanzó en la lucha contra los abusos con medidas concretas de tolerancia cero.
Francisco promovió además la inclusión y la misericordia pues declaró que “todos, todos, todos” caben en la Iglesia. Acercó a la comunidad LGBTQ+, promovió el rol de la mujer en la toma de decisiones y celebró el Año de la Misericordia entre 2015 y 2016, un jubileo que invitó al mundo a redescubrir el perdón y la ternura de Dios.
Su estilo fue sencillo, renunció a los lujos papales y mantuvo su humor argentino, humanizó el papado y lo acercó a millones de personas que antes se sentían lejanas de la institución.
Fue el Papa de las periferias, de los descartados, de los jóvenes y de la ecología, pero también un reformador paciente que supo equilibrar tradición y renovación.
Fuente: La Tecla Mar Del Plata





