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Rosario: Chocar no es casual, es la forma de encontrar un límite

Por Sebastián Horacio Trovato. Analista de seguros y siniestros viales.

Hay algo que deberíamos empezar a decir sin vueltas, los siniestros viales en Rosario no son una fatalidad inevitable.

Nos estamos acostumbrando demasiado rápido a leer que alguien perdió la vida en una calle, una avenida o una ruta y seguir con nuestra rutina como si fuera algo que simplemente puede pasar. Y no debería ser así. Porque muchas veces el choque no aparece de repente, antes hubo una decisión: Acelerar un poco más, mirar el celular, no respetar una señal, pasar por donde no correspondía, no guardar la distancia o hacer una maniobra pensando que “no pasa nada”, estas son pequeñas decisiones que, una detrás de otra, van construyendo el riesgo.

Y quizás ahí está el verdadero problema, hemos naturalizado tanto la imprudencia que muchas veces necesitamos llegar al choque para descubrir dónde estaba el límite, el límite no debería ser el impacto, debería estar mucho antes: en la norma, en el semáforo, en la velocidad permitida y, sobre todo, en entender que del otro lado hay una vida.

Tenemos normas, controles y sanciones, pero una norma pierde parte de su valor cuando todos sabemos que puede incumplirse y que muchas veces no pasa demasiado. Cuando la transgresión se vuelve cotidiana, también dejamos de verla como algo grave.

Nos parece normal ver motos circulando de cualquier manera, autos cruzando en rojo, conductores mirando una pantalla mientras manejan o personas acelerando porque tienen “un apuro”. Lo vemos, quizás lo criticamos durante unos segundos y seguimos adelante con nuestro día, hasta que ocurre una tragedia.

Entonces aparecen las preguntas, el dolor, la indignación y la búsqueda de responsables. Pero para ese momento ya es tarde.

No alcanza con lamentarnos después de cada muerte. Tampoco alcanza con pedir más controles cada vez que ocurre un siniestro y olvidarnos del problema cuando pasan los días. Los controles tienen que existir, las sanciones deben ser firmes y las consecuencias tienen que ser reales, pero ningún Estado puede poner un inspector al lado de cada conductor durante las 24 horas, también hay una responsabilidad que es nuestra.

Manejar es una forma de convivir, y ello significa entender que la calle no es un lugar donde cada uno hace lo que quiere, hay peatones, ciclistas, motociclistas, familias y personas que, al igual que nosotros, solamente quieren llegar a su casa.

Tenemos que dejar de considerar exagerado al que respeta los límites, al que espera, al que no usa el celular mientras maneja o al que reclama que se cumplan las normas. Exagerado debería parecernos poner una vida en riesgo solamente para ganar treinta segundos.

Rosario no puede acostumbrarse a perder personas en sus calles. No podemos convertir las muertes viales en una estadística que miramos, comentamos y olvidamos hasta que aparece la próxima noticia.

Cada muerte debería incomodarnos y cada siniestro debería hacernos pensar, una conducta imprudente no es simplemente una mala decisión o una infracción más, esto puede convertirse en la posibilidad concreta de que alguien no vuelva a casa.

Porque al final no se trata solamente de tránsito. Se trata de qué clase de sociedad queremos ser. Una sociedad que respeta las normas solamente cuando la controlan, o una sociedad que entiende que las normas existen porque del otro lado hay una vida.

Chocar no debería ser la manera de encontrar un límite. El límite tiene que aparecer mucho antes. Y si sabemos cuáles son las conductas que generan riesgo, también sabemos que muchas tragedias pueden evitarse, ya que lo previsible es prevenible.

Lo que necesitamos ahora es dejar de naturalizarlo.