Desde que se concretó la salida de Lionel Messi del Barcelona no ha dejado de sumar disgustos. A la decepcionante actuación del equipo en la Champions League, de donde fue eliminado en la fase de grupos, le siguió el rotundo fracaso en la otra competencia de renombre a nivel continental, la Europa League, con la caída de local frente al Eintracht Frankfurt. Luego vino el 0-1 frente al Cádiz, también en casa. Y tras lo que parecía ser la resurrección, con el triunfo por 1-0 de visitante frente a la Real Sociedad, llegó el golpe de KO: un 0-1 ante Rayo Vallecano por el pendiente de la 21ª jornada que batío el record de derrotas concecutivas. El gol de Álvaro García a los 7′ de la primera etapa puso de entrada a Barcelona a remar a contracorriente. Y la falta de respuestas fue notable. Porque pese a las buenas intenciones de Frenkie de Jong y Dembélé y las esporádicas apariciones de Gavi, el equipo de Xavi nunca consiguió llevarse puesto al Rayo. Mejoró con las modificaciones, principalmente con los ingresos de Nico y Depay, pero no lo suficiente para igualar el juego. Pudo haberlo hecho con algún remate que devolvió el palo o mediante el penal que el árbitro Isidro Díaz de Mera omitió cobrar sobre el final, por una infracción a Nico que el juez inexplicablemente no vio.





