Más de 150 mil personas se movilizaron hacia el Monumento a la Bandera en una jornada atravesada por la reflexión histórica y el reclamo social. Referentes sindicales advirtieron sobre similitudes entre el contexto actual y políticas del pasado.
Rosario vivió una jornada masiva y cargada de significado en el marco de un nuevo 24 de marzo, al cumplirse 50 años del último golpe militar en Argentina. Más de 150 mil personas se concentraron en el Monumento Nacional a la Bandera en una movilización que se extendió desde boulevard Oroño y que, según relataron los propios asistentes, resultó “interminable”.
El Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia volvió a convocar a miles de rosarinos que salieron a las calles no solo para recordar a las víctimas del terrorismo de Estado, sino también para reflexionar sobre el presente. Organizaciones de derechos humanos, sindicatos, partidos políticos, clubes, ONG y ciudadanos independientes participaron en una jornada que se desarrolló sin incidentes y con fuerte presencia de jóvenes y familias.
“Recordar no es una tortura, es abrir la posibilidad de no volver a cometer los mismos errores”, fue una de las ideas que atravesó la movilización, donde también se expresó preocupación por discursos actuales que relativizan o niegan los crímenes de la dictadura.
En este contexto, el dirigente sindical Marco Pozzi, referente del gremio aceitero, destacó la importancia de sostener la memoria activa y vincularla con las luchas actuales. “No solo se trata de contar la historia, sino de construir conciencia y capacidad de organización para defender derechos que hoy vuelven a estar en discusión”, señaló.
Durante la semana previa, distintos gremios participaron de la denominada “Carpa de la Resistencia” en Plaza San Martín, donde se realizaron charlas, debates y encuentros intersindicales. “Se generó un espacio muy rico de discusión en un momento donde se intenta silenciar la palabra”, explicó Pozzi.
El dirigente también remarcó la amplitud de la convocatoria: “Fue un cruce de sectores muy importante. Estuvieron desde gremios industriales y portuarios hasta estatales, organizaciones sociales y estudiantes. Eso demuestra que hay un compromiso colectivo muy fuerte”.
Uno de los puntos centrales del análisis sindical giró en torno a las políticas económicas actuales y su impacto en los trabajadores. Según Pozzi, existe una preocupación creciente por reformas que podrían afectar derechos históricos. “Hay un intento de avanzar sobre herramientas como el derecho a huelga y las tutelas sindicales. Son derechos que ya fueron atacados durante la dictadura”, advirtió.
En ese sentido, planteó que el contexto económico también funciona como mecanismo de control: “Hay dos formas de disciplinamiento: el hambre y la violencia. Cuando un trabajador no llega a fin de mes, se le hace muy difícil organizarse o reclamar”.
Desde el sector aceitero señalaron que la organización sindical ha sido clave para mejorar las condiciones laborales. Actualmente, el salario mínimo del sector ronda los 2.300.000 pesos, muy por encima de la media nacional, aunque advierten que el poder adquisitivo también se ha visto afectado. “El salario siempre se consiguió con lucha. Es la única herramienta que tenemos para enfrentar a las patronales”, sostuvo.
Además, cuestionaron el modelo económico vigente y su impacto en la distribución de la riqueza. “El trabajador derrama mucho más que los sectores concentrados, porque todo lo que gana vuelve al consumo. Sin embargo, se intenta instalar la idea de que el trabajo vale menos”, afirmó Pozzi.
La movilización también dejó una postal marcada por la participación juvenil, algo que contrasta con ciertos discursos oficiales. “Había muchísimos estudiantes secundarios y universitarios. Eso demuestra que la memoria sigue viva y que hay nuevas generaciones comprometidas”, agregó.
A 50 años del golpe, la jornada en Rosario no solo funcionó como un ejercicio de memoria, sino también como una advertencia. En la calle, entre pañuelos blancos y consignas históricas, se expresó una idea común: el pasado no es solo recuerdo, sino una herramienta para interpretar y disputar el presente.





