ATE Rosario, junto a miles de mujeres y disidencias, marchó bajo consignas contra el ajuste, la reforma laboral y la violencia machista. Una multitud ganó las calles de la ciudad mientras los datos económicos confirman que la brecha de género se profundiza: en el Gran Rosario, la desigualdad salarial alcanza el 37,4%.
La masiva movilización de este lunes se realizó en el marco del Día de la Mujer y las Disidencias Trabajadoras. La columna, que unió la Plaza San Martín con el Monumento Nacional a la Bandera, fue un grito unificado contra las políticas de ajuste que impactan de manera desproporcionada sobre las identidades feminizadas. La jornada contó además con marchas en San Lorenzo, Villa Constitución y Villa Gobernador Gálvez.

Desde el gremio estatal indicaron que las consecuencias del ajuste, tanto a nivel provincial como nacional, golpean con más fuerza a las mujeres, quienes son mayoría en sectores de gran exposición como salud y educación. En la región del Gran Rosario, la desigualdad de ingresos alcanza el 37,4%, superando la media nacional del 29,3%, según la Usina de Datos de la UNR.
En el ámbito previsional, la brecha en Santa Fe se amplía al 31,3% si se consideran las jubilaciones con moratoria, reflejo de trayectorias laborales históricamente precarizadas e interrumpidas.

Contra la precarización y el abandono estatal
El eje central de la marcha de este 2026 fue la preocupación por la reciente aprobación de la Ley 27.802 de «Modernización Laboral», sobre la cual desde el gremio señalaron: «De modernización no tiene nada y de precarización lo tiene todo».
A este retroceso legal se suma el desmantelamiento de políticas sanitarias esenciales. Se denunció que, durante 2025, el Gobierno Nacional no distribuyó preservativos en un contexto donde la sífilis alcanzó récords históricos, sumado al bloqueo sistemático del derecho a la Educación Sexual Integral (ESI).

Almirón también alertó sobre la escalada de violencia: «Desde el 1 de enero al 8 de marzo se registraron 48 femicidios en Argentina; hablamos de una asesinada cada 33 horas. La violencia laboral, social y simbólica crece al amparo de discursos de odio promovidos desde la Presidencia».





