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LUMBRERAS, TESTIGOS Y PORTADORES DE LA VERDAD

Les voy a transcribir del Evangelio de Juan del capítulo 12, los versos del 46 al 50 y después haré una reflexión sobre esa porción escritural.

“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.
Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió él me dió mandamiento de lo que he de decir, y lo que he de hablar.
Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.”

A manera de comentario:

Lo primero que se evidencia es que el Señor Jesucristo es la “luz del mundo”.

Como profetizó Isaías en su libro en el capítulo 9, verso 2:

“El pueblo que andaba en tinieblas vió gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”

Lo anterior, se cumplió, en una medida, con el nacimiento de Jesús y luego con Su impartición ministerial durante tres años y medio en Palestina.

Su predica era: “Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado”.(Mt.4:17)

El propósito último de Su transitar por este mundo era llevar sobre sí todos nuestros pecados. Porque si bien es cierto que lo crucificaron los romanos instigados por los judíos, como expresa el profeta ya nombrado en el capítulo 53, verso 5, cada uno de nosotros lo escarnecimos con nuestros pecados: pasados, presentes y futuros.

Lo maravilloso es que en la cruz del Calvario el cargó con toda esa culpa como bien lo define el Apóstol Pablo en la segunda carta a los Corintios capítulo 5, verso 21:

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

El vino no como juez sino como ministrador de gracia, sobre todo aquel que acepte su mensaje y por consiguiente su obra redentora.

A los que rechazan Su Evangelio y la verdad que éste conlleva esa palabra lo va a juzgar.

Algo que quiero destacar es que lo que impartió Jesús era lo que el Padre le demandaba que habláce.

Lo que acabo de decir es algo que resulta difícil de entender: el misterio de la Trinidad.

Lo pretérito, se evidencia en el Evangelio de Juan capítulo 14, versos del 8 al 10:

“Felipe le dijo: Señor, muestranos el Padre, y nos basta.
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muestranos el Padre?
¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”

Concluyendo:

Lo que tenemos que hacer los que decimos ser discípulos de Cristo es evidenciar Su amor, Su fe, Su esperanza y Su paz.

De esa forma seremos lumbreras en un mundo oscuro.

Y de esa manera iluminar con Su palabra para que todos aquellos que están en tinieblas puedan recibir por gracia a Jesús, a través del Evangelio del reino en conjunción con nuestro testimonio, como fruto del accionar del Espíritu Santo y su poder transformador.

Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs por la 93.5 fm Radio del Plata Rosario)

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