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La naturalidad de las conductas violentas

Por Mariano Junco

Todavía sigo asombrado por la naturalidad con la que algunas conductas violentas son aceptadas, en una sociedad dividida y agrietada entre los que repudian la violencia y los que la toman como herramienta para ejercer miedo, presión y poder.

Hablar de una moto tirando balas en Villa Gobernador Gálvez se volvió tan cotidiano y simple como desesperanzador. Leer las redes o recibir un mensaje informando que a un vecino, amigo o conocido lo amenazaron, también.

¿Se pueden seguir aceptando solo los repudios en forma de comunicados?

¿Seguiremos confundidos a través de las redes, oficiando como críticos abiertos o megusteadores y aplaudidores, buscando simplemente desautorizar o alabar la palabra de quien sea que decida hablar de temas inherentes a la ciudad?

Todos y todas queremos a VGG. Muchos nos vemos identificados por ideas, instituciones o líderes que nos guían. Pero, en ese contexto, ¿cuántas herramientas creemos que tiene la intendencia, el concejo, la policía, las instituciones o los vecinos y vecinas si las opiniones se distraen con chicanas vacías, sin aportar un debate con la coherencia y altura necesaria?

¿Cuán importantes creemos que somos para la provincia y el país? Sabiendo que mendigamos seguridad, obras, visitas, programas y todo lo que sea “para la ciudad y su gente” y no para el representante político que tenga la misma bandera que el que legisla más arriba y éste decida cómo y cuándo ejecutarlo.

Hacia adentro asumimos que somos potencia por la gran cantidad de población, que somos la capital de la carne como hace un siglo y que podemos ser eje de la industria provincial, además de desarrolladores de cultura, deportes y artes en una ciudad con recursos naturales que se pueden seguir explotando. Hacia afuera, sabemos que la historia es otra y nos ven como una ciudad peligrosa y demandante.

Creo que tenemos que recuperar el debate e intentar construir sin fanatismos, pero desde un lugar crítico, con argumentos sólidos e idoneidad.