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LA CONDICIÓN NECESARIA

El eximio escritor y crítico literario francés de fines del siglo XlX y principios del siglo XX Marcel Proust expresó en uno de sus textos lo siguiente:

“Debemos ser valientes enfrentándonos a nuestras propias contradicciones, antes que resaltar la de los demás.”

Lo anterior, me trae a memoria dos pasajes de la Biblia:

*Cuando Jesús en el Sermón del Monte, en el Evangelio de Mateo capítulo 7, versos del 1 al 5 exhorta a la multitud lo que les transcribo:

“No juzgueis, para que no seas juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”

*La otra porción escritural es la que ahora les comparto:

De la primera carta del apóstol Pedro del capítulo 5, el verso 8:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien
devorar;…”

Después de las dos citas bíblicas, lo que viene a mi mente, en primer lugar, es que lo mejor que podemos hacer ante un “Talón de Aquiles ” en nuestro ser no es reprimirlo, sino manifestarlo a personas crecidas en la fe para que puedan hacer dos cosas:

1)recibir nuestra confesión de lo que nos acontece, en algún área de nuestra existencia a modificar,2) y a su vez interceder en oración por nosotros, cumpliendo lo que Dios a través de la epístola de Santiago en el capítulo 5, verso 16, nos demanda:

“Confesamos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Lo pretérito, me lleva a razonar lo que les voy a decir:

Santiago, inspirado por el Espíritu Santo, nos insta a confesar nuestros pecados a Dios y a pedir perdón por alguna ofensa hacia nuestro hermano, hermana o prójimo, para que no quede ninguna “brecha” donde “el enemigo ” pueda entrar.

Si llegamos a ofender a alguien tenemos que pedirle perdón. Pero si cometemos un pecado no necesariamente lo debemos confesar a ningún mortal: ocupe el lugar que ocupe dentro de la Iglesia.

Ahora, si tenemos la necesidad de hacerlo para “desahogarnos”, debemos buscar a alguien de probado testimonio en la fe para no ser avergonzados, defraudados, o heridos por su falta de confidencialidad.

Porque de lo contrario, el diablo, que anda como “león rugiente”, tiene un “hueco” para tratar de destruirnos con alguna de sus artimañas.

En cuanto a juzgar a los demás, si tenemos que oficiar como el profeta Natan con un David, hay que hacerlo sí o sí, porque si no seríamos cómplices por omisión del pecado de la persona que lo cometió. Y como bien lo expresa un comentario de la Biblia de Estudio Plenitud:

“Cristo no prohíbe la crítica, ni la expresión de opiniones, ni que condenemos lo que está mal hecho. Lo que prohíbe es la censura implacable que pasa por alto las faltas propias mientras se asume el papel de supremo juez de los pecados de los demás.”

Concluyendo:

Para estar en comunión con Dios tenemos que estar en santidad, porque sin ella nadie le verá. (He. 12:14)

Para hacerlo, no debemos ocultarle nada al Señor y ponernos a cuenta con nuestro prójimo si lo hemos ofendido.

Solamente de esa forma estamos en condiciones de corregir una mala acción de un miembro del “cuerpo de Cristo”.

Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs por la 93.5 fm Radio del Plata Rosario)

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