«Cuando yo era niño, hablaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.» (1 Corintios 13:11)
Ser coherentes muchas veces significa ser incoherentes para el sistema mundo.
Para el común denominador de los mortales, serlo es militar siempre por la misma causa y defender determinados valores a lo largo de la vida.
Pero el que realmente lo es, si lo hace sin revelación, va a cambiar de partido, si es un militante político o de valores si su sustento es alguna filosofía y en el caso de que sus inquietudes vayan más allá de lo contingente: de religión, secta religiosa o esotérica.
Ahora, el que fue conocido por Dios y lo reconoció como Su salvador, de día en día va renovándose conforme a la verdad.
La Verdad es siempre la misma (Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. <He.13:9>) lo que varían son las formas.
Los diez mandamientos siguen siendo los mismos desde que fue establecida la ley.
En Cristo se cumplen, para que por la gracia de la cruz nosotros podamos hacerlo, por poner nuestra confianza en el resucitado.
Todo lo anterior, viene a cuenta debido a lo hablado en estos días con un profesional con el cual estamos cultivando una amistad, acerca de los juicios de Dios.
Un servidor, se define como un «hijo» de la generación de los 70′, dónde la cultura Pop – Rock, el cine y la literatura «comprometida» desde lo social fue lo que nos marcó, junto con lo que pasaba en el país: El terrorismo, con lo que paralelamente ocurría en el mundo: la guerra fría.
Lo que en otros territorios era amor y paz (entre comillas) en Latinoamérica y particularmente en Argentina era el auge del llamado progresismo armado marxista leninista: ERP y la resistencia marxista del peronismo en lo que fueron los Montoneros y su contra cara la triple AAA y luego el terrorismo de Estado.
Un servidor, no militó nunca en ninguna de esas facciones, ni tampoco tenía conciencia de lo que estaba sucediendo en la Patria, ya que en la escuela en donde cursaba el secundario, no había por parte del alumnado militancia alguna.
Los temas de conversación eran: el futbol, la música, las mujeres y el cine.
Cuando se inician los 80′ y comienzo a interactuar en el ámbito laboral: los medios y por consecuencia, la relación con gente que «hacía cultura», empecé a ver las cosas de otra forma.
Aunque tenía un mayor nivel de entendimiento, el discernimiento espiritual de todo lo que intento expresar con este relato, no me era revelado en esa instancia, ya que no tenía el conocimiento personal de Jesucristo.
Esto último, es lo que me hace replantear todo lo vivido a lo largo de mi existencia, no desde la ideología: sea de derecha o izquierda, sino de la revelación de las escrituras.
Nosotros como santos somos gobierno en sí, que tenemos que salvar con un testimonio en concordancia con una palabra de poder desde lo individual a lo corporativo, para que la trama sociocultural no se descomponga.
En Argentina, lo anteriormente expresado tiene un corrrelato histórico con la herencia espiritual, consecuencia de lo formal de los valores que trajeron los inmigrantes europeos, el remanente aborigen y criollo nos dejaron a través de lo que, comúnmente, se denomina «crisol de razas».
Esto se materializa, antes del aluvión inmigratorio, en la guerra intestina entre unitarios y federales, cuya sublimación es un espíritu de división entre argentinos, que en él presente, ya no solamente se traduce en la «grieta política» sino también lo que es la causa primera: la ausencia de valores y una espiritualidad genuina, cuya expresión plena es la Biblia, específicamente la dispensación de la gracia del Nuevo Testamento.
Volviendo a los 70′, la dicotomía se patentiza en la violencia como consecuencia de una falta de comprensión del otro manifestada en el terrorismo: el de Estado, quizás del que más se habla, pero también de los grupos guerrilleros que de haber tomado el poder, hubieran hecho de este suelo una dictadura.
Hoy discierno, que el Hacedor utiliza todo para establecer un orden mediante disciplina o juicios: desde un individuo a un estado.
Argentina cosechó lo que sembró a todo nivel: cizaña.
En cada uno de nosotros, desde su lugar de propósito, asumamos todo esto, para que a partir de un sinceramiento, de lo individual a lo colectivo, vengan a la nación la consumación de un paradigma superador de lo heredado: el socialismo, el marxismo, el populismo y el capitalismo «salvaje» neoliberal.




