Desde los escenarios deportivos hasta la Villa Suramericana, el Fan Fest, las visitas guiadas y las ceremonias, 2.000 rosarinas y rosarinos se pusieron al servicio de un acontecimiento único.
Pero detrás de esos números hay historias. Hay estudiantes que cambiaron horas de cursado por una jornada en un escenario deportivo. Personas que pidieron días en sus trabajos. Madres y padres que organizaron su rutina familiar para poder estar. Jubilados, docentes, profesores de Educación Física, jóvenes que buscan su primera experiencia, personas que ya habían participado de otros grandes eventos y que volvieron a ponerse la camiseta.
Y hay algo que todos tienen en común: durante estos Juegos decidieron dar una parte de su tiempo para que otros puedan vivir una experiencia inolvidable.
Una historia que Rosario viene construyendo hace 15 años
El voluntariado deportivo de Rosario no nació con Santa Fe 2026. Hay una historia que empezó a consolidarse hace más de una década y que tuvo uno de sus grandes puntos de partida en los Juegos Suramericanos de Playa 2019. Aquella experiencia permitió formar una primera generación de personas capacitadas para trabajar en un evento internacional y dejó un aprendizaje que luego volvió a ponerse en práctica.
En 2022, los Juegos Suramericanos de la Juventud llevaron esa experiencia a una escala mayor. Fueron 5.000 las personas que se inscribieron y alrededor de 900 las seleccionadas para cumplir funciones en el evento. Más del 90% eran locales y trabajaron en técnica deportiva, marketing, servicios médicos, operaciones, prensa, educación, cultura, visitas guiadas y acompañamiento de delegaciones, entre otras áreas.
Después llegaron los Juegos Argentinos de Alto Rendimiento Rosario 2025, con casi 700 voluntarios y voluntarias. Otra vez aparecieron las mismas palabras: compromiso, capacitación, experiencia, trabajo en equipo y legado. Gabriela Villalba, responsable del área de Voluntariado Rosario, planteaba entonces que la experiencia debía dejar capacidades y que, para muchos jóvenes, representaría su primer contacto con un trabajo de campo vinculado al deporte.
Y ahora Santa Fe 2026. Con una estructura mucho más grande y con una ciudad que recibió durante quince días a miles de atletas, entrenadores, dirigentes, periodistas, familias y visitantes de todo el continente, aquella experiencia acumulada volvió a aparecer. No se empezó de cero. Se empezó con todo lo aprendido.
“Esto no empezó ahora”
Gabriela Villalba conoce esa historia desde adentro. Fue parte de la construcción del voluntariado de los grandes eventos deportivos que Rosario organizó durante los últimos años y hoy volvió a estar al frente de un equipo local, y que a nivel provincial lideró Noel Martino, que se multiplicó y que tiene una tarea enorme.
Para ella, lo que ocurrió en Santa Fe 2026 debe mirarse también desde esa perspectiva: como el resultado de un proceso que comenzó hace años y que fue formando personas, equipos y una manera de trabajar.
“Esto no empezó ahora. Hace muchos años que Rosario viene formando voluntarios, capacitándolos y dándoles la posibilidad de vivir desde adentro lo que significa organizar un gran evento deportivo. Cada juego nos dejó algo y, sobre todo, nos dejó personas que después volvieron a estar”.
La secuencia es clara: Playa 2019, Juventud 2022, Jadar 2025 y ahora Santa Fe 2026. Cada experiencia fue sumando una pieza.
“Lo más lindo es ver cómo muchos de los que estuvieron en 2019 volvieron en 2022, algunos volvieron en los Jadar y hoy estuvieron nuevamente acá. Y también ver a los que llegaron por primera vez y se encuentran con compañeros que ya tienen experiencia. Eso genera una transmisión de conocimiento que es muy valiosa”.
Para Villalba, esa continuidad también explica por qué Rosario pudo asumir desafíos cada vez más grandes. “Uno puede tener escenarios, infraestructura, tecnología y una enorme planificación, pero siempre necesitás personas que estén ahí. Personas que sepan qué hacer, que tengan compromiso, que puedan resolver un problema, que acompañen a un deportista o que simplemente tengan una sonrisa para alguien que está perdido. Eso es lo que construimos durante todos estos años”.
Dejar la rutina para ponerse una camiseta
Hay una parte del voluntariado que no aparece en ningún manual: el esfuerzo personal. Porque ser voluntario también significa resignar algo. Una tarde con la familia. Una jornada de descanso. Horas de estudio. Un día de trabajo. Una actividad personal. Un fin de semana.
Durante los Juegos, miles de personas eligieron reorganizar sus vidas para estar disponibles. Y muchas veces eso significa llegar temprano y volver de noche. Estar cuando todavía no hay público y quedarse cuando ya se fueron todos.
En una competencia puede verse a un deportista subir al podio, pero para que ese momento ocurra hubo alguien que acompañó a la delegación, alguien que preparó el escenario, alguien que trasladó los elementos, alguien que controló una acreditación, alguien que ordenó un acceso, alguien que llevó una información, alguien que acompañó al atleta hasta el lugar correcto y alguien que estuvo listo para resolver cualquier imprevisto. Los voluntarios son parte de esa cadena.
Una camiseta, miles de funciones
Hay quienes pasaron buena parte del día en un escenario deportivo. Otros acompañaron a las delegaciones. Los attachés fueron el vínculo cotidiano con los equipos de los distintos países y estuvieron pendientes de horarios, entrenamientos, traslados, necesidades y consultas. En la Villa Suramericana hubo voluntarios vinculados a la atención de las delegaciones, mientras otros trabajaron en transporte, alojamiento, alimentación y logística. En los escenarios deportivos estuvieron quienes colaboraron con las áreas técnicas y la asistencia en campo. En protocolo, quienes ayudaron a que una premiación pueda convertirse en uno de los momentos más emocionantes de la jornada. En comunicación y prensa, quienes acompañaron a periodistas, atletas y equipos de cobertura.
En el Fan Fest, quienes recibieron a miles de personas. En las visitas guiadas, quienes ayudaron a que niñas, niños y adolescentes puedan conocer los Juegos y acercarse al deporte. También estuvieron quienes trabajaron en tecnología, sostenibilidad, salud, kinesiología y control antidopaje.
Son tareas diferentes. Pero forman parte del mismo equipo.
El legado que no se ve
Tras el cierre de Santa Fe 2026, quedan escenarios renovados, infraestructura, equipamiento y recuerdos. Pero también queda algo menos visible y, quizás, igual de importante: una generación de personas que aprendió haciendo.
Rosario ya lo había comprobado después de 2022. El programa de voluntariado no sólo permitió sostener la competencia: dejó capacitación, vínculos, experiencia y una generación de personas con herramientas para volver a participar en eventos deportivos de mayor escala.
Los Jadar 2025 profundizaron ese camino. Casi 700 voluntarios participaron de aquella primera edición, muchos de ellos estudiantes y personas que buscaban una experiencia concreta en la organización deportiva. Ahora esa experiencia estuvo nuevamente en movimiento. Y no terminó este 26 de septiembre. Porque Rosario ya tiene por delante los Jadar Junior 2027 y los Juegos Panamericanos Junior Rosario 2029.
“Lo que estamos construyendo queda”
Villalba mira el recorrido y encuentra en el voluntariado algo que va mucho más allá de la ayuda durante un evento. “El voluntariado tiene algo maravilloso: cuando termina el juego, la experiencia queda en la persona. Queda lo que aprendió, los vínculos que generó, la seguridad que ganó, la capacidad de resolver, de trabajar con otros y de entender cómo funciona un evento de estas características”. Y agrega: “Por eso hablamos de legado. Porque no estamos formando solamente voluntarios para estos Juegos. Estamos formando personas que van a volver a encontrarse en los próximos eventos, que van a transmitir lo que aprendieron y que van a ser parte de los equipos que Rosario necesita para seguir creciendo como ciudad deportiva”.
La mirada está puesta en lo que viene. “Hoy terminó Santa Fe 2026, pero ya sabemos que después vienen los Jadar Junior y los Panamericanos Junior. Todo esto que vivimos, todo este aprendizaje, va a volver a ponerse en juego. Y eso nos llena de orgullo”.
La fuerza de Rosario
Hay una imagen que resume estos Juegos. No es solamente un estadio lleno. No es solamente una medalla. No es solamente un atleta levantando los brazos. Es una camiseta. La misma camiseta que usan quienes están en el campo de juego y quienes están detrás de escena. La que llevan quienes reciben una delegación, quienes acompañan a un atleta, quienes ordenan una premiación, quienes trabajan en el Fan Fest, quienes trasladan personas, quienes reciben a una escuela, quienes responden una pregunta, quienes solucionan un problema o quienes simplemente están ahí cuando alguien necesita ayuda.
Son 2.000 historias diferentes. Pero hay una misma decisión detrás de todas: poner el tiempo, el esfuerzo y las ganas al servicio de algo colectivo. Los Juegos Suramericanos tuvieron miles de protagonistas. Los atletas fueron quienes compitieron. Pero hubo una ciudad entera que trabajó para que puedan hacerlo. Y dentro de esa ciudad hubo un equipo que eligió estar. Un equipo que dejó por unas semanas parte de su rutina, que resignó tiempo con sus familias, que acomodó sus obligaciones y que se puso una camiseta para ayudar. Un equipo que Rosario viene formando desde hace 15 años. Un equipo que aprendió en 2019, creció en 2022, se fortaleció en 2025 y hoy hizo realidad Santa Fe 2026. El equipo de Rosario.





