Vivimos en un país marcado por la llamada «grieta».
Aunque este vocablo se comenzó a usar desde no hace mucho tiempo el «esquizo» en lo político viene desde los orígenes mismos de la nación en el siglo XIX, donde en ese entonces la misma la encarnaban los unitarios y federales.
Cabe destacar que en todos los países en los cuales la democracia es el paradigma para la gobernabilidad, hay por lo menos un sector que va en oposición a la postura ideológica del primero.
Pero después de los comicios para elegir las autoridades esa puja se deja de lado para que haya una gobernabilidad en el país.
En Argentina eso no ocurre.
Por ejemplo: no sólo se confronta a los que ocupan el poder, que es la lógica de una República, sino que lo grave es que se le hace un boicot al que está en ejerciendo la autoridad.
¿Por qué ocurre esto?
Por los intereses y las necesidades que hacen a la división de la ciudadanía, evidenciada por ejemplo: con la asimetría educativa, cultural y económica que caracteriza a los argentinos.
Esto último, determina que se vea al otro como alguien que hace peligrar mis intereses y aún mi dignidad.
¿Cuál sería la salida de esta encrucijada que nos determina?
Un presidente que tenga la valentía y la generosidad de convocar a todos los colores políticos y de establecer las pautas para que haya una justa distribución de las riquezas.
Y donde la excelencia en educación y salud no sean un privilegio de los sectores más favorecidos, sino derechos humanos esenciales para la paz social.
Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 23:00 hs por la 93.5 fm Radio del Plata Rosario)
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