A cien años de la gran huelga de pueblos originarios chaqueños y la feroz represión estatal y empresarial, se realizó el 2º Seminario de reflexión sobre el genocidio indígena en el Gran Chaco argentino. Estuvieron presentes la delegación de Fundación Napalpí de la provincia del Chaco, autoridades institucionales y familiares de los sobrevivientes, junto a las comunidades y gremios locales.
La matanza de cientos de personas qom y moqoit a manos de la policía chaqueña y grupos paramilitares de los estancieros regionales, conocida como ‘masacre de Napalpí’ de 1924, es una emblema de cómo se organizó la resistencia indígena y se respondió a esa organización desde el Estado y las patronales. Y también de cómo se incorpora a la historia de las luchas obreras aquellas protagonizadas por las comunidades originarias.
El 19 de julio de 1924, un avión biplano conocido como el Chaco II sobrevoló la zona arrojando comida y caramelos. En el momento que los indígenas salieron a recogerlos, poco más de 130 policías y terratenientes dispararon y golpearon con machetes a familias enteras.
Para la referente de pueblos originarios de CTAA y ATE Rosario, Irene López, la importancia del seminario radicó en “concientizar, para que conozcan la realidad de los pueblos, el sufrimiento, no solamente el pueblo conocido como Koya, el Mapuche, todos tienen una experiencia de esclavitud. Es también un comienzo, los seminarios son comienzos para abrir la mente de la gente, y que nos escuchen, y que nos valoren, que conozcan la realidad de cada pueblo”.
El secretario de Formación de ATE Rosario, Fernando Capogrosso recordó que la masacre fue “el primer bombardeo militar sobre población civil, incluso antes que Guernica en España”. Ubicando en la línea histórica, planteó que lo de Napalpí sucedió un año antes que la misma conformación del gremio ATE. “Estos seminarios tienden a sensibilizar para que uno comprenda primero cuáles eran las condiciones reales de vida que estaban sometidos estos trabajadores, y es a partir de esas condiciones que nacen las organizaciones como las nuestras”, más allá de las diferencias entre los jornaleros portuarios y los pueblos originarios. Luchas unidas por la búsqueda de una vida digna.
Así como la palabra bombardeo a civiles en Argentina remite al perpetrado sobre Plaza de Mayo en 1955, pero antes sucedió sobre los qom y moqoit también para defender un modelo de país, la idea de exterminar a quienes se sindica como ‘vagos’, cobra otro sentido en la actual coyuntura.
Finalmente, conmovida por la jornada, la secretaria general de la CTAA y ATE Rosario, Lorena Almirón, concluyó: “estamos acá porque entendemos que somos parte de la misma historia, porque a la vez tenemos culturas diversas y eso debe ser respetado con Educación Intercultural Bilingüe y acceso a los derechos de forma igualitaria. Incluido entre los derechos, el acceso a trabajo digno. Y por supuesto, seguir recordando, seguir exigiendo justicia, porque Napalpí no terminó con la masacre y nuestras comunidades siguen sufriendo los maltratos y negaciones no de uno, sino de cinco siglos atrás”.






