El economista Lavih Abraham advirtió sobre un escenario complejo, con pérdida del poder adquisitivo, crecimiento del empleo informal y dificultades crecientes para sostener el consumo.
En un contexto económico cada vez más desafiante, el licenciado en Economía Lavih Abraham, integrante de MATE, analizó la situación actual y advirtió sobre un deterioro sostenido en las condiciones de vida de la población. Según explicó, el país atraviesa “uno de los momentos más difíciles desde el inicio del actual gobierno”, marcado por una inflación que no logra estabilizarse y salarios que continúan perdiendo poder adquisitivo.
Abraham señaló que, si bien desde el oficialismo se destaca una desaceleración inflacionaria, esta se explica en gran medida por la comparación con el pico registrado al final de la gestión anterior. “En términos históricos, la inflación sigue siendo alta y, además, hace casi un año que se mantiene en niveles del 2 al 3% mensual, sin encontrar un piso claro”, afirmó.
En paralelo, el economista remarcó que los ingresos no logran acompañar esa dinámica. “Los salarios pierden mes a mes, aunque sea en pequeñas proporciones. Pero esa pérdida acumulada impacta fuertemente en el nivel de vida”, explicó. En ese sentido, estimó que los sueldos del sector privado se encuentran entre un 8% y un 10% por debajo de los niveles de 2023.
El análisis también incluyó una mirada sobre la distribución de los ingresos. Abraham indicó que, si bien una parte de la pérdida económica “se evapora” por la caída en la producción general del país, otra porción se concentra en sectores que hoy muestran un mejor desempeño, como la minería y las exportaciones. En contraste, la industria nacional atraviesa una fuerte retracción, afectada por la apertura de importaciones. “Muchas empresas dejaron de producir y pasaron a ser distribuidoras de productos importados”, advirtió.
El impacto es particularmente visible en regiones industriales como Rosario y el cordón productivo de Santa Fe. Allí, según detalló, las empresas enfrentan procesos de reconversión que en muchos casos implican reducción de personal. “Se pierden horas extras, turnos, y finalmente se llega a despidos. Es un proceso gradual, pero ya empezó a sentirse con más fuerza”, sostuvo.
Frente a la falta de empleo formal, crecen las alternativas informales y el trabajo en plataformas digitales. Sin embargo, Lavih alertó que estos sectores también muestran signos de saturación. “Hay un límite para la cantidad de trabajadores que pueden insertarse en ese tipo de actividades, y eso termina afectando los ingresos”, explicó.
Otro de los puntos críticos es el endeudamiento de los hogares. Según el economista, tras agotar los ahorros y recurrir al crédito para sostener el consumo, muchas familias enfrentan ahora dificultades para cumplir con sus obligaciones. “Estamos en niveles récord de morosidad en los últimos 25 años. Casi uno de cada tres créditos personales presenta atrasos”, aseguró.
Esta situación impacta con mayor fuerza en los sectores de menores ingresos, que suelen recurrir a financieras o incluso a prestamistas informales, con tasas mucho más elevadas. “Es un fenómeno preocupante, que en algunos casos deriva en situaciones de violencia o pérdida de bienes”, advirtió.
Finalmente, Abraham destacó que el panorama también desalienta la inversión. “Los empresarios señalan que falta demanda. Nadie va a invertir para producir más si no puede vender lo que ya tiene”, concluyó.
En este escenario, la combinación de inflación persistente, caída del salario real, aumento del desempleo y endeudamiento creciente configura un cuadro de incertidumbre que se refleja en la vida cotidiana de la sociedad.





