El dragado del canal del río Paraná obra como una manta corta en medio de la sequía y el zanjón para garantizar la navegación de barcos mercantiles se chupa el agua de los arroyos y riachos del humedal. Una de las consecuencias es la mortandad de peces que quedan atrapados en charcos calientes y sin oxígeno. Pero también el agua potable escasea para las personas en zonas de islas y Victoria.

Bajante y bocas tapadas
El dragado es vital para el comercio sobre «la autopista líquida» (ex Hidrovía) pero funciona como un pozo que concentra el poco caudal que circula en el Delta. El Paraná se recuperó a fines del año pasado y en noviembre llegó a los tres metros de altura frente al puerto de Rosario. Pero en las últimas semanas volvió a caer. Este martes perdió otros 11 centímetros y llegó a 0,45 metros.
Si bien el Instituto Nacional del Agua (INA) pronosticó esta nueva bajante, los registros ya están en los niveles mínimos de esos informes y se acercaría a cero la semana que viene (0,20).
Las organizaciones ambientales de Victoria elaboraron un informe con imágenes que indican tres bocas que son “indispensable dragar para que alimenten a nuestro humedal y así lograr que los riachos y arroyos mantengan su caudal actuando como cortafuegos naturales”.
Uno de esos puntos es la “Boca a la altura de la boya 500”, frente a Diamante (32 13’43”S 60 39’37”w).
Además, avisaron: “La ciudad de Victoria está atravesando una crisis hídrica sin precedentes que pone en riesgo el abastecimiento de agua potable a la población”.
No hace falta irse muy lejos. Frente a Rosario y detrás de la Invernada, el Paraná Viejo se volvió un hilito de agua como ocurrió el verano pasado.




