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Sobre las propuestas de Milei en relación a la salud

Por el Dr. Leonardo Caruana

Soy médico sanitarista y me formé en instituciones públicas. Vengo trabajando en el sistema
de salud estatal de la región Rosario desde hace 30 años, tanto en establecimientos de la
red provincial como municipal, donde desde hace más de 10 años me desempeño como
secretario de Salud. Me siento comprometido con las/os trabajadores de salud y equipos de
gestión de la Municipalidad de Rosario y las otras redes de servicios- inclusive las del sector
privado-, con las/os profesionales de salud en formación y por supuesto con toda la
población. Mi recorrido profesional hace a mi identidad ideológica y por eso siento la
responsabilidad de compartir mis preocupaciones respecto a las propuestas para salud
divulgadas por quien resultara ganador de las PASO nacionales 2023, Javier Milei.
En nuestro país tanto usuarios/as exclusivos de los servicios públicos, como las personas
que utilizan los servicios privados porque tienen capacidad de pago o algún aseguramiento,
son beneficiarios/as del sistema de protección de la salud estatal, en tanto, las prestaciones
de alto costo que se ofrecen en todos los sectores están subsidiadas para garantizar
cobertura, ya que de otro modo, las obras sociales y las empresas que complementan la
oferta estatal, no podrían sostenerse. Por otra parte, sabemos que en cuestiones de salud
no existen seguros contra todo riesgo y lo que no está contemplado en las canastas de
prestaciones es asumido por las redes públicas. Lo mismo ocurre en relación a las
cuestiones de salud colectiva, que son exclusiva responsabilidad del Estado. Me refiero a
las que tienen que ver con regular el ambiente, lo que comemos, con prevenir
enfermedades, con llevar adelante campañas de vacunación, controlar epidemias, generar
información sanitaria y todas las acciones que hacen al control de los riesgos de enfermar y
morir de las poblaciones.
No vamos a negar las enormes dificultades que existen a la hora de garantizar acceso y
cobertura integral en los establecimientos asistenciales, especialmente en los públicos, que
suelen estar sobre demandados y con ciertas carencias materiales, aunque la realidad es
más compleja y las razones son múltiples. Algunas son externas al sector salud porque hay
problemas globales que impactan hoy en cada comunidad, como los cambios culturales,
ambientales y epidemiológicos de los últimos tiempos que generan nuevas demandas
sociales e incluso cambiaron los patrones de uso de los servicios de cuidado, algo que hoy
está interpelando a todas las redes. Otras son falencias propias de las instituciones
estatales, como por ejemplo la excesiva fragmentación institucional; la desarticulación entre
jurisdicciones nacional, provincial y municipal; la lentitud de adecuación de los
establecimientos a las nuevas realidades; los ingresos de los trabajadores/as que obligan a
doble y triple empleo y un modo de gestionar de algún modo desconectado de la realidad,
que no puede reconfigurar las prácticas cotidianas para generar respuestas.
Todo esto, si bien nos obliga a repensar el sistema de salud en su totalidad, no le da
credibilidad a la supresión de las instituciones del Estado en todos los niveles y su
reemplazo por una tarjeta de cobertura mínima para comprar servicios básicos en
establecimientos privados. Esos son espejitos de colores. Cualquier replanteo tiene que ser
superador y no regresivo negando la historia institucional argentina en términos de salud,
educación y otros servicios públicos. Borrar instituciones como ministerios de un plumazo a
lo que seguro no nos acerca es a la adecuación de los establecimientos públicos a las
nuevas realidades o a la posibilidad de repensar el sistema. Temas como la salud mental,
las violencias, los consumos problemáticos e incluso las pandemias, que hoy tienen
dimensiones planetarias, sin sistemas que funcionen, no podrán tampoco resolverse
individualmente.
Concretamente, ante la propuesta de Milei en relación a los «voucher», quiero dejar en claro
que no hay voucher de prestaciones que garantice derecho pleno, ni carnet que pueda
garantizar el acceso a la salud de las y los ciudadanos. Y, en este sentido, es indispensable
pensar las propuestas de Milei juntas, como una plataforma, porque quizás, podría no
sonarnos tan mal que nos den un voucher que se cambie por prestaciones. El problema
principal radica en cómo piensa Milei los problemas de salud y el Estado. Para él son
problemas individuales en los que el Estado no tiene que intervenir más que transfiriendo
recursos a través de dichos vouchers individuales. Pero el sistema no puede funcionar así
sin colapsar y dejar a miles sin cobertura, porque justamente un sistema no funciona
individualmente. Porque la estructura de atención, el acuerdo publico- privado para
garantizar el acceso, en su propuesta, desaparecería. La salud no es ir a comprar pan, se
requiere de un sistema que este compuesto por profesionales, equipos, redes, saberes que
si bien necesitan adecuaciones, son un piso enorme desde donde cambiar. Borrarlo para
que la ley del mercado determine qué queda en pie es desconocer absolutamente 50 años
de historia de Carrillo, Maradona, Favaloro y miles de trabajadores/as que forjaron una
identidad, una manera de pensar y hacer el derecho a la salud que siempre nos ha
distinguido como país. En particular en nuestra ciudad desaparecerían los 56 centros de
salud u hospitales como el HECA o el Vilela. La salud no es solo atención, es también y,
fundamentalmente, prevención y cuidado.
Los problemas nunca son sencillos, lo sé porque me ha tocado gestionar problemas en una
ciudad como Rosario durante muchos años. Desde una tragedia como la de calle Salta
hasta la alta demanda cada invierno, pasando por el dengue o la pandemia de coronavirus.
Todo lo que luzca simple, seguro oculta cosas muy complejas que no se están diciendo. Y
eso es muy peligroso porque cuando nos damos cuenta, puede ser tarde y podemos haber
perdido nada más y nada menos que derechos que costaron años y años de trabajo y lucha
conseguir.
Vamos a dos ejemplos concretos. El primero, un caso en el que Milei votó en contra de la
atención de los bebés que nacen con cardiopatías congénitas, hoy la principal causa de
muerte en menores de 1 año.
Podemos pensar que es una enfermedad que solo es responsabilidad de quien la padece y,
en todo caso, de su familia, si consideramos a las enfermedades como problemas
individuales que cada uno debe resolver. Entonces allí no habría un Estado que prepare el
sistema para atenderlos integralmente, garantizando contar con la tecnología para la
detección precoz, tal como proponía la ley rechazada por Milei. Incluso me pregunto qué
pasaría si el monto de cobertura no fuera compatible con los costos del tratamiento y la
familia no tuviera capacidad de cubrirlo. ¿Qué sentimos cuando nosotros mismos o alguien
de nuestra familia no puede acceder a un tratamiento o medicamento? Lo sabemos y por
eso hemos construido un sistema de salud para que nadie tenga que pasar por eso. Resulta
toda una gran irracionalidad que cada individuo deba ver cómo se atiende y accede a sus
medicamentos y no un Estado, que junto al sector privado y planificadamente, trabaja para
abordarlo. Las lógicas del mercado son incompatibles con la garantía del derecho a la salud
cuando lo que está en juego es nada más y nada menos que la vida.
El segundo caso es la pandemia, que difícilmente alguien pueda aseverar que haya sido la
última. Imagínense si hubiéramos afrontado la pandemia como individuos sin Estado, nunca
hubiera habido atención para todos, colaboración publico privada, compra de respiradores y
adecuación del sistema para garantizar la atención de cualquiera, nunca hubiera podido
haber compra de vacunas, y menos aún desarrollo. Aprendimos que uno no se salva solo,
la salida era colectiva o no se salía. Si cada uno elegía vacunarse o no, el contagio no se
paraba y la evolución del virus tampoco. Los números pos pandemia mostraron que la
proporción de muertos fue mayor donde no había un sistema robusto capaz de dar
respuestas integrales a toda la comunidad y no solo a quienes podían acceder. El
presidente de Francia, que está lejos de ser considerado referente de la izquierda, no solo
reconoció públicamente la necesidad de sistemas de salud públicos sino que materializó
fuertes inversiones para fortalecerlo.
El mundo hoy más que nunca discute sobre la necesidad de sistemas de salud integrados
público privados, que garanticen la salud a todos sus habitantes. En un mundo globalizado
como el actual, donde un virus pandemia puede circular en tiempo real, que la salud
dependa de la capacidad de pago de sus ciudadanos/as redunda en un riesgo de
dimensiones catastróficas para toda la población. Asimismo, la estructura necesaria no
puede comprarse ni construirse de un día para otro, sino que requiere de años de
acumulación de saberes, desarrollos, equipos, muchas veces de trabajo silencioso o
invisibilizado. Es justamente esa gran red de salud, la que permitió a Rosario no vivir
escenas que sí tuvieron lugar en otras partes del mundo y lo que seguramente también está
permitiendo que, en esta difícil realidad económica y social, la situación no sea aun peor.