«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.»(Efesios 2:8-9)
El ser humano tiene el estigma de la caída producto del pecado original de nuestros ancestros primeros: Adán y Eva.(Gn.3:23-24)
Lo anterior, hace que el apóstol Pablo argumente en la carta a los Romanos capítulo 7, versos 22 y 23, lo que a continuación les comparto:
«Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivó a la ley del pecado que está en mis miembros.»
Lo que nos está diciendo Pablo es que se goza en la ley pero al mismo tiempo no puede librarlo de otra ley que es la del pecado.
Porque como explicita un exégeta la ley ilumina su conciencia pero no puede producir santidad en ningún mortal.
Entonces: ¿Cuál es la solución a este dilema?
Jesucristo: Dios encarnado, mediante Su victoria en la cruz del Calvario, ya que no había otro que podía ofrecerse en sacrificio para vencer a la muerte, al diablo y al mundo.
Cuando un ser humano recibe a Jesús como Señor y Salvador es sellado por el Espíritu Santo, como garantía de su salvación.
Al dar el paso del bautismo en aguas se posiciona en obediencia con lo que el Señor nos demanda en el Evangelio de Marcos capítulo 16, verso 16:
«El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.»
Cuando nos sumergimos en las aguas, de manera simbólica, nos estamos uniendo a Cristo en Su muerte y sepultura. Al salir del agua en su resurrección.(Ro.6:3-5)
Pero muchos dirán:
¿Y el malhechor del que refiere el Evangelio de Lucas en el capítulo 23, verso 42 que le dice a Jesús que se acuerde de él cuando venga en Su reino?
Este hombre además de no estar bautizado era un delincuente.
¿Cómo es posible que Jesús le responda inmediatamente afirmando: «hoy mismo estarás conmigo en el paraíso»?(v.43)
Una cosa es estar en obediencia para tener una vida fructífera, de propósito y con galardón como la de un cristiano de buen testimonio y otra es ser salvo «como por fuego», como refiere, metafóricamente, 1 Corintios capítulo 3, verso 15, a una persona que escapa de un incendio perdiendo todos sus bienes y salva solo su vida (en este caso el alma)
En cuanto a su condición de criminal, eso no cuenta para Dios porque Jesús vino a traer gracia (favor inmerecido), ya que no sólo ese pecador no merecía la salvación tampoco vos y yo la merecemos. Es un regalo del que nos apropiamos porque Él nos tocó la puerta y nos llamó con un amor infinito.
A manera de conclusión:
Lo que hace la diferencia es la obra consumada del Gólgota cuando uno se apropia de ella por fe.
Entonces, se cumple lo que dice Romanos 8, versos del 2 al 4:
«Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pescado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.»

Suscribe: Marcelo G. (Para lo periodístico: Margal: conductor y realizador del programa COMO PEZ EN EL AGUA, que se emite los viernes a las 24:00 hs por la 93.5 FM «RADIO DEL PLATA ROSARIO»)



